jueves, 23 de junio de 2011

El campo de concentración de la espartera


Durante la Guerra Civil, el Ministerio de la Guerra realiza una petición al alcalde de Benalúa de determinados elementos del material de la inactiva fábrica espartera, como ánodos de grafito, ventiladores, material de gres y otros componentes con destino a la fábrica de pólvoras de Cocentaina (Alicante). A finales de julio de 1937 llegó a Benalúa un batallón mecanizado del Ejército de la República con la orden de requisar las instalaciones y el material de la fábrica por mandato directo de la Subsecretaría de Armamento y Municiones del Ministerio de la Guerra. En representación de la inspección de fabricación del Ministerio se presentó el teniente coronel de artillería Alejo González, acompañado del ingeniero militar Alejandro Juanola y del teniente de intendencia Edmundo Cascajo, representante de la jefatura de propiedades de la tercera división orgánica del Ejército. El acta de requisa y el inventario de bienes fue firmado por el secretario del Ayuntamiento.

Las naves de la espartera también sirvieron durante la guerra como centro logístico de varias unidades del Ejército republicano, cuyos soldados fueron alojados en las viviendas del pueblo a la espera de intervenir en el frente de Granada.

Una vez acabada la contienda, los edificios de la otrora industria de pasta de esparto de Benalúa fueron utilizados por el ejército franquista como campo de concentración de prisioneros fieles a la República, tanto civiles como militares y milicianos. De su control y vigilancia se encargó un destacamento del batallón 903, de la división 32 del ejército del nuevo régimen dictatorial. En la comarca, también se ubicaron otros campos de reclusión en Alamedilla y en la antigua azucarera de Guadix. Desde estos tres campos de concentración los prisioneros fueron distribuidos -cuando no fusilados junto a la ermita de S. Antón de Guadix- hacia la prisión provincial, a las cárceles de varios partidos judiciales de la provincia y hacia otras prisiones del país, condenados paradójicamente por “rebelión militar”, según la perversa terminología franquista, precisamente aquellos que habían defendido la legalidad democrática de la República ante los militares sublevados en julio de 1936.

Los testimonios recogidos sobre el número de prisioneros que albergó el campo aportan cifras dispares. El benaluense Manuel Urendes, que por entonces tenía 15 años y realizaba tareas de limpieza en la espartera, calcula que hubo unos 200 prisioneros durante al menos un año entero al acabar la guerra. Por otra parte, el historiador Javier Rodrigo, en su libro “Cautivos. Campos de concentración en la España franquista, 1936-1947”, Barcelona, Ed. Crítica, 2005 (p. 198), señala que en el campo de concentración de Benalúa había 5.000 prisioneros en abril de 1939.

En el campo de la espartera se produjeron varias fugas de reclusos. Una de las más divulgadas fue la del capitán Juan Francisco Medina García. Natural de Tocón de Quéntar (Granada) y conocido como “el Yatero”, se dedicó desde muy joven a trasquilar ovejas por los contornos de Sierra Nevada. Durante la guerra llegó a ser capitán de artillería y al término de la misma fue hecho prisionero en su misma casa y encarcelado en la prisión de Guadix durante varios meses y después en la espartera de Benalúa. Su esposa María Martín relata que “estaba muy enfermo a causa de los malos tratos. Busqué la ayuda de gente amiga y conseguimos que lo ingresaran en la enfermería y luego que lo trasladaran a un campo de concentración, en la Espartera de Benalúa de Guadix. Siempre ayudados  por amigos le facilitamos armamento y con la colaboración de un joven soldado, que ese día estaba de guardia, mi marido consiguió escaparse el 29 de mayo de 1939 (relato de 1977 incluido en “Apuntes en vivo”, de Eduardo Pons Prades). Después de la fuga, “el Yatero” lideró uno de los más conocidos grupos guerrilleros de la provincia de Granada, hasta que a finales de la década de los 40 pasaron a Francia.



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